Abuso Verbal y Emocional II Parte: El Hogar

Dentro de la familia

En 1985 cuando tenía 19 años, me case con mi hoy exesposa cuando ella estaba embarazada de mi primera hija. Vivíamos en la casa de mis suegros y aunque tomaba mucho, todo iba bien los primeros meses. Todavía no me convertiría en alcohólico crónico, pero ya tenía suficientes problemas con el alcohol y emocionales que pronto empezamos a tener problemas. Me volví celoso, posesivo, y abusivo. La desvelaba para que escuchara mis problemas y mis quejas sobre ella. La acusaba de haberme hecho mucho daño y de otras locuras que solo existían en mi mente, deliraba.  Encima de todo, solo trabajaba esporádicamente; trabajaba más para tomar que para darle todo la que se merecía mi pequeña familia. La mayoría del tiempo mi mente era un caos emocional atormentado por los celos, la ira, la depresión, el miedo y el resentimiento contra todos. Creo que hasta desarrolle paranoia.

Durante los pocos meses que vivimos con mis suegros, era insoportable con mi esposa y sus papas. No se cómo mis suegros no me corrieron, pero no fue necesario porque en uno de mis arranques de locura, me regrese a México dejándola a ella con mis suegros. Lo hice solo para lastimarla y castigarla a ella. Ahora entiendo que hacia sufrir a otros porque yo sufría también. No se da lo que no se tiene.

Después de unos meses en México donde solo me la pasé borracho y quejándome de mi mala suerte, decidí regresar a los Estados Unidos. Cuando regresé, le rogué a mi esposa para que volviera conmigo, jurándole que ya había cambiado y para su mala suerte, volvió conmigo. Nos fuimos a vivir a un cuartito que parecía recamara. Éramos relativamente felices hasta que mi locura volvió y empecé con mis antiguos celos y reclamos. La insultaba y maltrataba. Lo peor es que mi hija veía como trataba a su madre convirtiéndose en victima también de los abusos verbales. En resumidas cuentas, repetía lo que había aprendido en mi familia de origen.

Durante 5 años, ella compartió conmigo la peor parte de mi alcoholismo. Durante ese tiempo, tuvimos dos hijos más, pero los abusos verbales y físicos eran el pan de cada día. Por cinco años mi familia fue víctima de todo tipo de ataques verbales, emocionales y físicos y los últimos 2 años de mi alcoholismo fueron todavía peor por mi deterioro mental y físico. Me la pasaba insultándolos todo el día con palabra altisonante y degradantes, pero a mí no me gustaba que me dijeran nada.

Para agregar más a mi comportamiento abusivo, tampoco trabajaba; solo me dedicaba a emborracharme con licor fuerte y alcohol de caña. Sufría de delirios tremens, delirios persecutorios y paranoia.

También acusaba a mi pobre esposa de ser ella la mala conmigo, de no comprenderme y no hacer nada por mí a pesar de que ella era la única que trabajaba para mantenernos a mí y a mis hijos. ¡Semejante egoísta que era! No apreciaba nada de lo que ella hiciera. No comprendo porque no me abandono y se salvó de mi con mis hijos. Tampoco comprendía porque era yo un ser egoísta y malo; en algunos momentos de lucidez me preguntaba a mí mismo porque no podía ser como otra gente y portarme como un verdadero hombre. Yo también quería ser feliz pero no podía controlar mi naturaleza emocional y alcoholismo. Estaba muy enfermo.

Ahora entiendo que los alcohólicos somos seres muy enfermos tanto física, mental como espiritualmente. Solo borracho experimentaba alivio al dolor emocional crónico hasta que el alcohol mermo mis facultades mentales todavía más. Y esto hizo que mi vida no solo fuera un infierno, sino que convertí en infierno la vida de mis seres queridos. Me la pasaba la mayor parte del tiempo pensando negativamente de todo y de todos. Si me hubieran diagnosticado, hubiera calificado como enfermo mental

Hasta el día de hoy, no sé qué movía a mi esposa a amarme incondicionalmente. La verdad no merecía ese nivel de amor por mi comportamiento. Ella era la única persona que me amaba a pesar de mi alcoholismo y aunque ya estamos divorciados, vivo eternamente agradecido por su amor incondicional y paciencia.  Sin su apoyo talvez estaría muerto o en el manicomio. Hoy a pesar de estar divorciados, nos seguimos hablando amigablemente. Dice Bill W. nuestro fundador que lo único que hicimos bien fue escoger a nuestras esposas y yo estoy de acuerdo.

Antes de divorciarnos y ya en Alcohólicos Anónimos, tuvimos otra hija; son cuatro en total y 7 nietos. Gracias a Dios están todos bien.  No sé qué hubiera sido de ellos si no hubiera llegado a A.A. Gracias al programa y a Dios, tengo buena relación con ellos y viven agradecidos con Dios por mi cambio.  Estoy eternamente agradecido con Dios que ellos sobrevivieron el infierno de mi alcoholismo.

Los alcohólicos somos seres egoístas que solo miramos el daño que no hicieron, pero rara vez nos damos cuenta de cuánto daño le hemos hecho a otros (Pasos 8 y 9); por eso creo necesario compartir lo malo de nosotros para promover la reflexión transformadora, la mea culpa.

El alcoholismo tiene un impacto enorme en la familia y en la sociedad en general. El abuso verbal y otras formas de abuso se perpetúan por aprendizaje en familias disfuncionales y son parte de la enfermedad del alcoholismo. Esta enfermedad no solo afecta al enfermo si no que a todos los que lo rodean, arrancándoles la felicidad y marcándolos emocionalmente a todos. Consecuentemente, cuando me recupero, mi recuperación no solo me beneficia a mi sino a todos los que me rodean acabando con las cadenas de abusos y disfuncionalidad. Gracias por dejarme compartir y gracias Dios mío por todo.

Por Armando

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